Mi marido salió exiliado por la
embajada mexicana. Yo no era cubana, así que
solamente tuve que salir. Nos fuimos a Estados
Unidos", recuerda Alicia Cervera.
Imagino que por eso usted se puso a
trabajar.
Sí. Siempre digo que mi éxito
se lo debo a la tienda Sears, porque yo
necesitaba trabajar -tenía una hija de tres años
y otra de seis- y habíamos salido de Cuba solo
con 25 centavos. Era lo que dejaban sacar a la
gente. En Sears llené una aplicación, pero como
nunca había hecho algo así la llené mal y, por
supuesto, no me contrataron.
Ya entiendo. Si la hubieran
contratado...
Me hubiera quedado
trabajando vendiendo sabe Dios qué, cortinas o
aparatos eléctricos. Pero un día, caminando por
Coral Gables, en Miami, me encontré con una
amiga que iba a aprender de bienes raíces y me
ofreció que fuera a trabajar con ella. A mí me
entusiasmó la idea porque mi mamá, acá en PERU
en los años 40, había construido varias casas.
El edificio Palace Court, por ejemplo, en Javier
Prado, lo construyó ella.
¿Y cómo fue la cosa?
Resulté la
estudiante más productiva. Lógico, yo era la que
llegaba primera y se iba última. Después de
trabajar unos años con otro corredor de bienes
raíces ya pude sacar mi licencia y puse mi
oficina en mi casa, con un cartelito que decía
'Cervera Real State'.
¿Cuál fue su primera venta
grande?
Un consejo que nos daban cuando
éramos estudiantes era tener propiedades
importantes para vender, porque aunque las
vendieran otros, uno sacaba un porcentaje. Un
día leí en el diario que Harry Helmsley, que era
dueño del Empire State -el edificio de King Kong
(ríe)-, venía a invertir en Miami. Yo le escribí
contándole que tenía buenos contactos, que
trabajara conmigo. Para mi sorpresa, a las dos
semanas, la secretaria -que compartía con otra
persona- me dijo que me llamaba Harry Helmsley.
Él iba a Palm Beach en su avión particular y me
preguntó si me interesaba ir. 'Ahí estaré', le
dije.
¿Cómo fue la reunión?
Me hizo
una entrevista y, al final, su señora me dijo
que me iba a dar el trabajo porque yo necesitaba
el empleo, tenía la cultura para hacerlo y era
inteligente -cosa que no sé de dónde sacó-. Lo
cierto, le dije, es que necesito el trabajo. Y
me dieron un listado de 65 millones de dólares.
Una vez que uno trabaja con gente tan poderosa
-él era uno de los hombres más ricos de Estados
Unidos- todo el mundo quiere contratarla a una.
Y así comencé.
¿Qué otros proyectos ha
manejado?
Algunos interesantes fueron el
edificio que salía en la serie de TV Miami Vice,
ese que tenía un hueco en el medio, con una
palmera. Yo lo vendí. Fue diseñado por un
peruano, Bernardo Fort Brescia, que también ha
hecho varios edificios en Lima. En este momento,
mis hijas y yo representamos como 20 proyectos
diferentes.
Usted es una de las mujeres
hispanas más importantes en Estados Unidos.
Tengo entendido que recibió una mención del
Congreso. ¿Qué significa eso para
usted?
La tengo colgada en mi
oficina. Para una persona como yo, que nunca
imaginó ser inmigrante en ningún país, lograr
que el Congreso mande una carta diciendo que
inmigrantes como yo hacen que el país sea
grande, bueno, es muy halagador. Estados Unidos
tiene eso de reconocer el mérito de la gente.
Parece mentira, pero así uno se esfuerza más.
¿Cuál es su relación con el
Perú?
Mis padres, abuelos y bisabuelos
nacieron aquí. Y yo estudié aquí. Pienso que uno
es del país donde ha estudiado. Tengo una prima
que vive en París, donde abrirse paso es más
difícil que en Miami, ella es peruana, me decía,
porque 'cuando pienso en una comida, pienso en
un cebiche; cuando pienso en una canción, pienso
en un vals, y cuando pienso en un atardecer
pienso en La Herradura'. Bueno, le digo;
entonces, soy totalmente peruana. No hay nada
que me guste más que Chabuca Granda y, si de
comida se trata, pienso en un lomito saltado o
en un tacu tacu.
¿Tiene relaciones
comerciales?
En este momento me está
ayudando aquí la compañía Gibson Investment
(http://www.sgibson.info/), que gerencia Carla
Cipriani. Si alguien está pensando en mudarse a
Miami, o tiene un hijo que va a la universidad o
si quiere tener una casa de veraneo fuera de
'Eisha', en Miami hay buenas oportunidades.
Usted podría retirarse. ¿Por qué sigue
trabajando?
Tengo la suerte de trabajar
en algo que me gusta. Así como un pintor, que no
va a dejar de pintar así tenga 80 años. Me gusta
ayudar a la gente a lograr la casa que quiere.
Es muy importante estar en un sitio que a uno le
guste, en el que se sienta cómodo para ser
feliz. Tengo la suerte de tener clientes que a
través de los años, de agradecidos, se han
convertido en grandes
amigos.
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